Hijos del rugby.

Escrito por: Bruno lopez.

Fuente: www.marca.com

http://www.marca.com/2013/11/12/mas_deportes/rugby/1384271928.html?a=c1c234c926513cd805ef0ae842bf7de3&t=1384512418

No es de extrañar que tal y como van las cosas últimamente, siempre haya una voz profética que se eleve sobre nosotros, manteniendo vivo aquel espíritu crítico y sarcástico del que Larra supo hacer periodismo. Hoy en día ese rol parece recaer sobre Arturo Pérez Reverte y sus columnas, que caen como el martillo de Thor despertándonos del canto de sirena al que esas arpías de traje y corbata nos tienen permanentemente sometidos.

Resulta que el otro día, en entrevista con el conocido conductor de un programa de actualidad, escuché unas declaraciones de Pérez Reverte que me llamaron la atención. Y si bien Arturo, como Larra en su día, es un esperanzador pesimista, yo me considero un pesimista esperanzado, y me puse a darle vueltas a esa entrevista.

Decía Pérez Reverte que: "Si la crisis dura lo suficiente para ser agónica, que lo está siendo, va a salir un hombre nuevo de esta crisis. Hará falta una generación. Una generación nueva, educada de otra manera, niños educados de otra forma, niños educados en el valor de un euro o de una bicicleta o un juguete. Niños educados en la austeridad y en saber que unas zapatillas de marca no te solucionan la vida… Y ese hombre nuevo será mejor".

No pude evitar pensar en nuestro deporte, el rugby, y esa tremenda oportunidad que tenemos por delante para que juegue un papel en la reconstrucción moral de este país arrasado por los errores y el despropósito. No pude evitar pensar en esa nueva generación que no es aún pero que puede ser, en esos 'Hijos del rugby'.

Hijos del rugby que crecerán educados en el respeto máximo a los valores humanos.

Hijos del rugby que sabrán lo que es no sólo el valor de un euro, pero quizás algo más importante, el valor y el poder del sudor de la frente. Cómo el sufrimiento puede pavimentar un camino de espinas hacia la luna.

Hijos del rugby que serán juzgados no por el golpe que se lleven, no por su caída de bruces contra el suelo, sino por lo rápido que se levanten. Es ley de rugby y ley de vida: no hay nadie invencible y siempre hay alguien que te pone la mano y te tira de espaldas. Lo que sí existe es gente que se queda tirada en el suelo esperando que una solución pase por delante y gente que se levanta y sigue placando.

Hijos del rugby que asuman una serie de responsabilidades. Cuando el rugby te acoge, sobre tus espaldas cae también el deber de levantar la bandera, de correr con ella sin mancharla, protegerla como el tesoro más valioso, ondearla donde haga falta y cuando llegue el día, entregarla al siguiente. No huirán del trabajo que se les ha encomendado, más aún, lo buscarán con el hambre con el que buscas la línea de ensayo en el campo.

Hijos del rugby que entenderán que ponga lo que ponga una zapatilla, todas tendrán el mismo aspecto cuando se llenen de barro. Y que sabrán que el valor de un jersey no lo marca su etiqueta, sino el conjunto de experiencias que se han vivido en el campo con él. Y así, cuanto más viejo, cuantos más caps se hayan vivido con el puesto, cuantas más roturas, ese jersey será más valioso.

Hijos del rugby que enseñarán a sus padres que hay otro camino que no es el de la envidia y el fanatismo. Como esos partidos de niños de ocho años que veía en Welford Road, donde todos los padres se sentaban juntos, disfrutando del placer de ver un conjunto de muchachos creando una nueva sociedad. Para aquellos niños, dar la mano y un abrazo al rival no era algo obligado, era algo tan natural como el propio rugby que corría por sus venas. Y la foto de final del partido era siempre de los dos equipos. Allí, en Leicester, los 'Hijos del rugby' ya han dejado su huella. Y aunque la mayor parte del año el cielo allí es gris, el sol sale todas las mañanas.

Hijos del rugby que tengan como compañeros de clase a los hijos de Gomez Noya, a los hijos de Belmonte o de Nadal, a los hijos del agua, a los hijos de hombres de hierro y domadores de anillas. Donde compartir experiencias sobre duros entrenos, pequeños pasos en aventuras imposibles sea motivo de júbilo. Hijos todos ellos de sueños tan atrevidos que ninguna generación anterior podrá destruir. Sueños construidos a base de sudor, lágrimas y sonrisas. Normalmente los tres van unidos.

Señor Perez Reverte, cuando todos esos hijos ya sean adultos, cuando alguno de ellos llegue a sentarse en ese sillón de piel en el que algunos han echado raíces, entonces ya no habrá carreras para escapar del Congreso. Ya no habrá mentiras ni locuras, o serán muchas menos. Cuando esos hijos del rugby tomen las riendas, entenderemos que sí hay una solución.

Y gracias a todos aquellos que nos forzaron a esta situación, gracias a todos los políticos, esos hijos del deporte que crecieron sacrificando su juventud y representando a un país por cuatro duros, entenderán que no hay dinero que pueda comprar la imagen que te devuelve el espejo cuando te acuestas por las noches. Y los políticos entenderán algún día que no hay suficiente dinero que pueda sobornar a Caronte para que les saque en barca del Hades al que están irremediablemente destinados.

Rugby y crisis.

Escrito por: Antonio Jesús Delgado Rodríguez

http://www.spanishplayer.com/opinion-rugby-y-crisis/

 

Si hablamos que la crisis económica que padecemos está afectando a todos los aspectos de nuestra sociedad, y que el deporte no iba a ser una excepción, tampoco sorprendemos a nadie. Empresas privadas y administraciones públicas manejan, cada vez, presupuestos más ajustados, lo que implica una actividad económica más reducida.

 

Consecuencia de lo anterior, se han reducido los patrocinios, recortado las subvenciones y las colaboraciones a cambio de publicidad son cada vez menos frecuentes. Los clubes de deportes minoritarios difícilmente pueden cubrir sus gastos a través de las cuotas de sus socios o abonados. En los últimos años hemos asistido incluso a la desaparición de algunas entidades de distintas disciplinas deportivas al no poder hacer frente a sus deudas.

 

En el caso del rugby la situación no es muy distinta, salvo por algunas diferencias. Los clubes nacionales no han pasado nunca por una época de excesiva bonanza económica, por lo que aquellas inversiones desorbitadas del pasado que luego han hecho mella en las instituciones deportivas no se han producido nunca en nuestro deporte. Simplemente, no eran posibles.

Y no es solo que la crisis haga imposible la contratación de grandes jugadores o entrenadores de talla mundial como en otros deportes, que también, es que incluso antes de que la crisis irrumpiera el rugby ha sido un deporte amateur en el que las experiencias de semiprofesionalización no han sido satisfactorias y, por ello, los clubes se lo piensan mucho antes de embarcarse en proyectos deportivos que requieran grandes desembolsos.

 

El ejemplo más reciente acerca de este aspecto es el caso del Gernika Rugby la pasada temporada, en la que se realizaron contrataciones de jugadores profesionales e incluso se participó en la segunda competición europea, la Amlin Cup, consiguiendo buenos resultados tanto en esta como en la competición nacional. Sin embargo, a mitad de temporada y cuando el equipo lideraba la clasificación de la liga, su principal patrocinador anunció que no iba a cumplir con los pagos, lo que propició la salida de varios jugadores y del entrenador a final de temporada. El club tendría que hacer frente a una considerable deuda.

 

En el otro extremo, y acorde con lo que mencionábamos anteriormente, se encuentra el Ciencias Fundación Cajasol de Sevilla. El club hispalense posee a día de hoy una estructura totalmente amateur y también ha sufrido los envites de la crisis. Como modo para paliar esta situación, la temporada pasada renunció a disputar la Copa del Rey de rugby para no comprometer el resto de la temporada.

 

Sin embargo, la mayor parte de los clubes de rugby españoles son totalmente aficionados. Pequeños clubes de barrio o de pueblo gestionados en el tiempo libre de sus miembros y que apenas cuentan con apoyos institucionales o patrocinadores para acometer los gastos cotidianos. Se financian a la antigua usanza, colocando barras en las fiestas de su localidad, sorteando cestas de navidad o vendiendo merchandising con el logo del club que han conseguido que les hagan algo más barato como un favor. En la mayor parte de los casos, los propios jugadores deben asumir el pago de su ficha y el material de entrenamientos y equipaciones quizá tengan una vida útil algo más larga de lo recomendable.

 

Es evidente que a estos también les han afectado las circunstancias económicas, pero tal vez por el hecho de que siempre han tenido que trabajar en las mismas condiciones lo hayan notado menos. Es como si el espíritu de lucha que los aficionados al rugby exhiben en el terreno de juego haya sido extrapolado a todos los aspectos de su vida diaria, como si hubiesen comprendido que el esfuerzo colectivo y la superación personal fuesen la única forma de hacer frente al adversario aunque éste sea la falta de recursos. Como si el deporte que practican les haya imprimido un carácter del que no pueden desprenderse al salir del campo.

 

Los aficionados españoles han demostrado que son capaces de dar lo mejor en circunstancias adversas y que para ellos bajar los brazos no es una opción. Al fin y al cabo, en el rugby y en la vida la lucha no acaba hasta el pitido final.